Sabían leer y escribir los faraones egipcios?

Faraon Seti I
La escritura jeroglífica fue una de las primeras manifestaciones culturales de la Humanidad inventada por los egipcios hacia el año 3300 a.C.
Se cree que solo una pequeña parte de la población egipcia pudo saber leer y escribir, puesto que es un arte extremadamente complejo y debía tenerse un amplio conocimiento y técnica.
Siempre se ha pensado que su dominio estuvo en manos de la casta sacerdotal, sin embargo esto sería un error puesto que se olvida del importante papel de los escribas, transcriptores de los documentos oficiales, y además las últimas investigaciones nos hablan de que posiblemente los faraones también la conocieran.
¿Pudieron los faraones egipcios conocer esa técnica? 
Las evidencias son muy escasas pero un grupo de arqueólogos polacos plantean que sí.
Uno de las referencias más antiguas la encontramos durante la V Dinastía, al final del III milenio a.C, en una inscripción funeraria de un tal rey Inti en la necrópolis de Saqqara.
En esta inscripción se habla de la recepción de una carta dirigida personalmente al faraón Isesi. Esto sólo sería posible, si como plantea los investigadores, los mandatarios dominaran el arte de la escritura.
Además en otros documentos se habla de esta cuestión como en el Texto de las Pirámides, perteneciente a la Vª dinastía, donde se describe al detalle los rituales funerarios y fórmulas mágicas del Antiguo Egipto así como en la profecía de Neferti.
En ella el faraón Snefru de la IVª dinastía, transcribe las palabras de Neferty el sabio, que describía una serie de acontecimientos dramáticos ocurridos en la zona del Delta del Nilo y que los investigadores relacionan con la llegada de los invasores del norte durante el Primer Periodo Intermedio.
Pero la evidencia más clara estaría en la función misma del faraón. Como máximo poder del estado necesitaría conocer profundamente los entresijos de la administración siendo para ello imprescindible saber leer y escribir como aseguran los investigadores.
Además en las ceremonias rituales debían recitar textos sagrados así que no es de extrañar que también supieran escribirlos.
Incluso si profundizamos en la simbología de la figura del faraon veremos que se le relaciona también con el dios Thot, el creador de la escritura e inventor de las palabras que fue el encargado de codificar la ceremonia de la muerte  y por ello siempre aparece presente en el juicio de las almas.
Sin embargo, hasta la fecha escasean datos que expliquen cómo era la educación de los miembros de la familia real. Sólo en época de Hatshepsut se conocen referencias a algunos educadores en la corte real pero no se aclaran sus funciones.
En cuanto a los tipos de escritura jeroglífica debemos aclarar varios aspectos que pueden llevar a confusión.
Para los textos administrativos, médicos, matemáticos y literarios, la escritura elegida no eran los jeroglíficos sino el estilo hierático realizada con pluma de cáñamo sobre papiro.
Es una forma más estilizada y simple que fue muy común desde el Imperio Antiguo e incluso usada durante la etapa greco-romana aunque sólo para documentos religioso.
Uno de los ejemplos más conocidos de la escritura hierática es el Papiro Edwin Smith, un tratado quirúrgico del año 1600 a.C
Papiro Edwin Smith. Academia de Medicina de NuevaYork.
Posteriormente en la última etapa del Antiguo Egipto, alrededor del año 660 a.C, aparecería el estilo demótico clásico que sustituyó progresivamente al hierático. Se usaba para textos económicos, sobre todo transacciones comerciales, y literarios.
Al contrario que la hierática pudo tallarse en piedra y madera.
Ésta última se reservó al final para los textos religioso y por lo tanto, dominada por la casta sacerdotal. Quizás ésta fuera también enseñada a los herederos al trono por su valor sagrado según creen los arqueólogos.
Por tanto, los jeroglíficos quedaron reservados a los monumentos reales construidos en piedra, es decir, las tumbas y templos. Siempre tuvo un carácter mágigo-simbólico puesto que al escribir o tallar el nombre de una persona, normalmente el faraon, se influía en su espíritu así cualquier error en su transcripción podría ser fatal para el destino del allí nombrado.
Un ejemplo de esta costumbre podemos verla en la destrucción que se realizó sobre los “cartuchos reales” de algunos faraones. Considerados amuletos reales al destruirse sus nombres, los antiguos egipcios pensaban que esos faraones quedarían borrados de la historia y sus almas nunca podrían regresar de la otra vida.
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